Densitometría ósea: por qué es clave para cuidar tus huesos después de la menopausia
La disminución de estrógenos tras la menopausia puede debilitar la estructura ósea de manera silenciosa. Te contamos en qué consiste la densitometría, cómo prepararte y por qué es una herramienta fundamental para prevenir fracturas.
17/10/2026 · 4 min de lectura · Revisado por Dr. Pablo Joaquín Carrero, Director Médico de IMEDIAM. Médico Especialista Jerarquizado en Diagnóstico por Imágenes y en Clínica Médica
Con la llegada de la menopausia, el cuerpo femenino experimenta una serie de cambios hormonales naturales. Uno de los más significativos, aunque muchas veces no dé señales evidentes, ocurre en el interior de los huesos. Durante esta etapa, la disminución progresiva de los estrógenos acelera la pérdida de masa ósea, lo que puede aumentar el riesgo de desarrollar osteopenia u osteoporosis.
La osteoporosis suele denominarse una afección silenciosa porque no produce dolor ni síntomas en sus etapas iniciales. En muchos casos, el primer indicio de su presencia es una fractura ante un traumatismo mínimo o una caída leve, frecuentemente en la cadera, la muñeca o las vértebras. Por este motivo, la evaluación preventiva resulta indispensable para proteger tu movilidad y tu calidad de vida.
¿Qué es la densitometría ósea y para qué sirve?
La densitometría ósea (frecuentemente realizada mediante la técnica de absorciometría con rayos X de doble energía o DEXA) es un estudio por imágenes sencillo, rápido y no invasivo que mide la densidad mineral de los huesos. En términos simples, permite conocer qué tan sólidos y resistentes están tus huesos en comparación con los valores de referencia esperados para una persona sana de tu misma edad y sexo.
El estudio suele enfocarse en dos áreas clave del esqueleto: la columna lumbar y la cadera (específicamente el fémur proximal). Estas regiones son las más propensas a sufrir fracturas significativas asociadas al desgaste óseo y brindan una imagen representativa del estado general del sistema esquelético.
A partir de los resultados, tu médico puede clasificar la densidad ósea en tres categorías principales: valores normales, osteopenia (una disminución moderada de la masa ósea que amerita control y medidas de prevención) u osteoporosis (un debilitamiento más marcado que eleva el riesgo de fracturas).
¿Cómo es el estudio y qué preparación requiere?
Si tu médico te indicó una densitometría, podés quedarte muy tranquila: es un procedimiento completamente indoloro y que demanda muy poco tiempo.
El día del turno, te van a pedir que te recuestes boca arriba sobre una camilla acolchada. Un brazo mecánico que emite una dosis muy baja de rayos X se desplazará sobre tu cuerpo sin tocarte en ningún momento. Solo tenés que permanecer quieta y relajada durante unos 10 a 15 minutos mientras el equipo toma las mediciones.
En cuanto a la preparación, suele ser mínima pero importante:
- Ropa cómoda: Conviene asistir con prendas sueltas, preferentemente sin cierres metálicos, botones grandes, hebillas o ganchos que puedan interferir en la imagen de la zona lumbar o la pelvis.
- Suplementos de calcio: Habitualmente se aconseja suspender la toma de suplementos de calcio durante las 24 horas previas al examen, ya que una pastilla sin disolver en el tracto digestivo podría alterar la lectura de la densidad ósea.
- Estudios previos con contraste: Si te realizaste recientemente un estudio que utilizó bario o contraste iodado (como una tomografía o una serie gastrointestinal), es necesario esperar unos días antes de hacerte la densitometría para que el cuerpo elimine por completo la sustancia.
No hace falta estar en ayunas ni requiere anestesia de ningún tipo. Una vez finalizado el examen, podés retomar de inmediato tus actividades habituales.
¿Cuándo conviene realizarse este control?
La indicación del estudio depende de la evaluación individual que haga tu médico de cabecera o ginecólogo. De manera general, las guías internacionales suelen sugerir una densitometría de rutina a partir de los 65 años en todas las mujeres, o antes si existen factores de riesgo asociados.
Entre esos factores se encuentran los antecedentes familiares de osteoporosis o fractura de cadera, el tabaquismo, el bajo peso corporal, la menopausia prematura (antes de los 45 años), el sedentarismo o el uso prolongado de ciertos medicamentos, como los corticoides.
Hábitos que fortalecen tus huesos
El cuidado de los huesos no empieza ni termina con un estudio; es un compromiso diario. Para mantener una buena salud ósea después de la menopausia, los especialistas recomiendan:
- Asegurar una ingesta adecuada de calcio a través de la alimentación.
- Mantener niveles óptimos de vitamina D (mediante una exposición solar moderada y segura, o según indicación médica).
- Realizar actividad física con carga o ejercicios de fuerza, que estimulan la regeneración del tejido óseo y fortalecen la masa muscular para prevenir caídas.
- Evitar el consumo de tabaco y limitar el alcohol.
Conocer el estado de tus huesos a tiempo te da la oportunidad de actuar antes de que aparezcan complicaciones. Si estás transitando la posmenopausia, consultá con tu profesional de confianza sobre la conveniencia de sumar este estudio a tus controles periódicos.
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